3 de agosto de 2025 – Casa Central
En una jornada que quedará grabada en el corazón de nuestra congregación, la Casa Central se transformó este 3 de agosto en un templo de gratitud y celebración. Los dorados que engalanaron cada rincón no fueron casualidad: reflejaban la riqueza espiritual de un momento verdaderamente extraordinario, donde catorce de nuestras hermanas renovaron sus votos tras décadas de entrega incondicional al servicio de Dios y la humanidad.

Setenta Años de Consagración: Pilares de Fe
Con la solemnidad que merecen las grandes celebraciones, cuatro hermanas marcaron un hito que pocas alcanzan. Hna. Cecilia de los Dolores; Hna. Juana Camero; Hna. Margarita Sánchez y Hna. María Cecilia Bonilla se convirtieron en testimonios vivientes de lo que significa la fidelidad absoluta al llamado divino.
Sus rostros, iluminados por la paz que solo da una vida entregada por completo, fueron el centro de todas las miradas durante la ceremonia eucarística.
Sesenta Años Anunciando el Evangelio
El coro de celebración se amplió con diez hermanas que conmemoran 60 años de anuncio del Evangelio al servicio de la Caridad: Hna. Leonor Carvajal; Hna. Ana Fernández; Hna. Ana Isabel Manrique; Hna. Josefina Díaz; Hna. Laura Rincón; Hna. María Helena Gómez; Hna. María Margarita Hernández; Hna. Raquel del Niño Jesús; Hna. Rosaura Gutiérrez y Hna. Victoria Pico Lamus.
Seis décadas dedicadas a llevar la Buena Nueva a los más necesitados, a ser manos que curan, voces que consuelan y corazones que acogen sin condiciones. Cada una de ellas, con su historia particular de servicio, representa un capítulo único en la gran obra de nuestra congregación.
La eucaristía fue una verdadera fiesta de la fe que congregó a toda la familia religiosa. Las familias de las hermanas homenajeadas se sumaron con gozo fraternal, convirtiendo la celebración en un testimonio vivo de cómo la vida consagrada trasciende los lazos de sangre para crear vínculos espirituales que perduran.
La Hna. Luz Marina Socha, Priora Provincial, junto con su consejo, dirigieron con especial esmero cada detalle de la jornada. Su dedicación para que la ceremonia eucarística fuera un momento de auténtica renovación espiritual se reflejó en cada elemento: desde la decoración dorada que simbolizaba la preciosidad del momento, hasta la disposición del altar que invitaba al recogimiento y la alabanza.
Este 3 de agosto no fue solo una fecha en el calendario; fue un día pleno de alegría y testimonio que renueva el ánimo de toda la comunidad para continuar en el seguimiento del Señor. Ver a estas catorce hermanas, con sus diferentes edades pero con el mismo fuego en el corazón, recordó a todos los presentes que la vocación religiosa no es un momento, sino un camino de constante renovación.
Sus sonrisas, sus lágrimas de alegría, sus manos entrelazadas durante la oración, fueron la catequesis más elocuente sobre lo que significa entregar la vida al servicio de Dios y los hermanos.
Al concluir esta jornada memorable, solo queda espacio para la gratitud infinita hacia Dios por este don tan especial concedido a nuestra Iglesia. Estas catorce hermanas no son solo miembros de nuestra congregación; son faros de esperanza, maestras de vida y testimonios vivientes de que es posible vivir con alegría una existencia completamente entregada al amor divino.
Que esta celebración sea semilla de nuevas vocaciones y que el ejemplo de fidelidad de nuestras hermanas continúe inspirando a las generaciones futuras a responder con generosidad al llamado del Señor.
